Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.
Isaías 14:13-15 ❤️
Bendecido día amados, a veces a los pastores y líderes espirituales, se nos hace muy difícil discernir hasta cuando soportar a un miembro y cuando se lo tiene que echar.
Jesús le dijo a sus discípulos que debían perdonar a sus hermanos hasta setenta veces siete, esto significa que debemos mantener la gracia del perdón hasta su regreso.
Siete es un número que se lo relaciona con la plenitud y el setenta, hace referencia a las setenta semanas de Daniel, que nos habla del regreso del mesías.
Pero este perdón, como dice el Señor, se le debe otorgar al que viene arrepentido, reconociendo su error y con el deseo de cambiar.
Pero en el caso del querubín Luciel, es totalmente diferente, en lo que decide hacer con el que viene arrepentido, esta enseñanza de Jesús, no se puede aplicar en este tipo de situaciones.
Luciel se subleba contra su creador, se levanta contra su autoridad suprema.
Considera que él puede ser semejante a Dios y tomar un lugar de autoridad en el universo como el que tiene el creador.
Entonces ¿cuando se debe quitar la presencia de alguien del entorno de un líder?
Cuando el que tiene que obedecer, se cree que puede estar en el lugar que tiene el que es su autoridad y considera que puede hacer una obra similar o mejor de la que está realizando.
El Señor no permitió de ninguna manera, que el querubín Luciel, ahora llamado Satanás, se revelará de esa manera contra él, desafiando su autoridad.
Lo saco inmediatamente de su reino, lo derribo hasta el Seol, a los lados del abismo.
A esa persona tomada totalmente por la personalidad de Satanás, que desafía a su autoridad de esa manera, creyendo que puede hacer una obra mejor que la que esta realizando su líder y que desea tomar su lugar, se la tiene que echar o entregar en las manos del Señor para que actúe sobre él como considere mejor.
Esos son seres sumamente destructivos. Satanás por causa de tener ese corazón, degeneró una tercera parte de los ángeles del cielo y puso en riesgo de muerte eterna a toda la raza humana.
Quien no recibe a Jesucristo como su salvador, no puede escapar de la maldición de Luciel.
Esa clase de personas, con ese espíritu tenebroso, no pueden permanecer donde se esta llevando adelante la obra de Dios.
Pastor Eliseo Laguna